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Fillon, el líder modélico amenazado por la corrupción

El escándalo por los supuestos empleos ficticios de la mujer y los hijos del candidato presidencial pone en duda su condición de favorito.

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“¿Quién se imagina al general De Gaulle investigado por la justicia?”. Esta ingeniosa frase catapultó a François Fillon en las primarias de la derecha francesa para elegir a su candidato en las elecciones presidenciales de abril y mayo. El ex primer ministro dio una sorpresa mayúscula en noviembre cuando ganó con claridad los comicios del partido Los Republicanos, en los que participaron 4,3 millones de electores (más del doble que en las primarias celebradas por el Partido Socialista). Esta victoria se debió sobre todo a su reputación de líder fuerte e impoluto. A diferencia de sus rivales en las primarias, Alain Juppé y el expresidente Nicolas Sarkozy, él no estaba manchado por la corrupción.  Y eso le convirtió en el favorito para ser el nuevo inquilino del Elíseo. Ahora, este capital político parece haberse consumido en apenas una semana, tras el estallido del Penelope Gate.

El semanario satírico Le Canard Enchainé reveló el pasado 25 de enero que la mujer de Fillon se había embolsado, presuntamente, 600.000 euros a través de dos empleos ficticios. Entre 1998 y 2007, Penelope Fillon recibió un más que generoso salario al ejercer como asistente parlamentaria de su marido y su sucesor en la Asamblea Nacional, el diputado Marc Joulaud. Aunque esta actividad le supuso unos ingresos de 500.000 euros, uno de los asistentes de Joulaud reconoce a Le Canard Enchaîné que “nunca” trabajó  con ella ni tuvo “ninguna información sobre el asunto”. Después de que su marido dejara de ser primer ministro en 2012, Penelope consiguió otro contrato muy ventajoso como consejera literaria de La revue des deux mondes, con el que ganó 5.000 euros mensuales durante un año y medio. “Nunca la vi en la redacción de la revista. Sólo firmó dos o tres reseñas literarias”, afirma Michel Crépu, director entonces de esta publicación, que pertenece al rico empresario Marc Ladreit de Lacharrière, buen amigo de François Fillon.

“La noticia me ha sorprendido. Yo no estaba al corriente de estos empleos”, reconoce por teléfono Christine Kelly, la autora de una de las pocas biografías autorizadas que existen sobre Fillon. Sin embargo, esta periodista explica que hizo “una investigación periodística sobre Fillon y no sobre su esposa”. “Cuando entrevisté a Penelope en otoño de 2007, me dijo que se dedicaba sólo a cuidar a sus hijos. Y que había ayudado a su marido en su primera campaña en las elecciones legislativas de 1981”. Alejada del foco mediático, Penelope Fillon, de 60 años, abogada de formación y madre de cinco hijos, solía presentarse como un ama de casa ejemplar. “Hasta ahora nunca me había implicado en la vida política de mi marido”, declaró en otoño del año pasado en el diario regional Le Bien Public.

Sin embargo, el mismo Fillon tuvo que matizar este discurso. Durante una entrevista televisiva en horario de máxima audiencia, el exprimer ministro reconoció, el 26 de enero, que había empleado a su mujer como asistente parlamentaria desde 1997. Pero negó rotundamente que las tareas fueran ficticias: “Ella me corregía los discursos, me representaba en los actos a los que no podía acudir, me hacía un resumen de la prensa”. En un ataque de sinceridad —o anticipándose a otras posibles revelaciones—, reconoció que también le ayudaron dos de sus hijos desempeñando tareas como abogados, cuando ejerció como senador entre 2005 y 2007.

Ideada para apaciguar el temporal, esta intervención echó aún más leña al fuego del Penelope Gate. No solamente sus hijos no habían terminado sus estudios de Derecho cuando Fillon era senador, sino que contrató por primera vez a su mujer como asistente parlamentaria entre 1988 y 1990, según revela Le Canard Enchaînéen su edición de esta semana. Además, Penelope volvió a trabajar como ayudante de su marido desde mediados de 2012 hasta finales de noviembre de 2013. Dejó de ejercer estas funciones sólo un mes antes de la aprobación de una ley de transparencia que obliga a los diputados a declarar los ingresos de sus cónyuges y sus colaboradores parlamentarios. En total, el semanario satírico cifra en un millón de euros el dinero ganado por los Fillon con los, presuntamente, empleos ficticios.

Emplear a los familiares: una práctica habitual

Emplear a los cónyuges y a los hijos es una práctica habitual entre los representantes políticos franceses. Según el diario digital Mediapart, 115 diputados (de 577) cuentan con un familiar próximo entre sus asistentes. Incluso el presidente de la Asamblea Nacional, el socialista Claude Bartolone, tiene a su esposa en su equipo de colaboradores. Además, no existe ninguna reglamentación sobre esta práctica. Cada uno de los diputados cuenta con un presupuesto –9.561 euros en 2016– para emplear con gran libertad a los colaboradores que necesite, hasta un máximo de cinco. “Los asistentes suelen tener perfiles profesionales muy variados, desde secretarios hasta consejeros políticos. Hay muy poca transparencia y resulta complicado saber cuáles son las tareas que realizan”, denuncia Jean-Christophe Picard, presidente de la asociación anticorrupción Anticor.

“Dado que no hay controles, muchos diputados han terminado aprovechándose de este sistema”, critica el abogado Jérôme Karsenti, especialista en temas de corrupción. Otros casos sonados también salpicaron a dos miembros destacados de la derecha francesa que participaron en las primarias: Bruno Le Maire y Jean-François Copé. Ellos emplearon de forma opaca y sospechosa a sus respectivas esposas, aunque ninguna de ellas tuviera un gran conocimiento técnico sobre la actividad legislativa. Una era psicóloga; la otra, artista.

“Este caso no tendría tanta repercusión si Fillon no hubiera reivindicado tanto su probidad moral”, explica el politólogo Vincent Tournier, profesor en Sciences Po Grenoble. Durante su campaña en las primarias, el ex primer ministro reprochó con insistencia los numerosos casos de corrupción en los que está involucrado el expresidente Sarkozy —la mayoría de ellos vinculados a una supuesta financiación ilegal de sus campañas electorales. Además, quiso diferenciarse del pasado oscuro de Alain Juppé, condenado en 2004 a catorce meses de prisión condicional y un año de inhabilitación por su participación en un caso de empleos ficticios en el Ayuntamiento de París.

Esta supuesta ejemplaridad moral se ha vuelto ahora en contra de Fillon. Más allá de si los empleos fueron ficticios o reales, las cantidades astronómicas que se pagaron dejan en evidencia a un candidato que defiende unas severas políticas de austeridad, como la supresión de 500.000 puestos de funcionarios. Mientras que un asistente parlamentario suele ganar mensualmente entre 2.000 y 3.000 euros, Penelope llegó a tener un sueldo por encima de los 10.000 euros al mes, una cifra superior al presupuesto total del que dispone un diputado para pagar a sus colaboradores. “La imagen de Fillon de hombre íntegro ha desaparecido y hay un gran pánico en la derecha francesa a que su candidato baje fuertemente en los sondeos”, explica el historiador político Jean Garrigues.

Tras las revelaciones de Le Canard Enchaîné, la Fiscalía ha abierto una investigación preliminar para determinar si ha habido malversación de dinero público. Este lunes 30 de enero acudieron a declarar el ex primer ministro y su esposa. Y, al día siguiente, los servicios de investigación se desplazaron a la Asamblea Nacional en busca de pruebas. “De momento no hemos encontrado ningún documento que demuestre la veracidad del trabajo de la señora Fillon”, aseguró uno de los investigadores al diario digital Mediapart. Además de este escándalo, Fillon se ve amenazado por otra bomba de relojería mediática. Según esa publicación, se apoderó de forma fraudulenta de 25.000 euros de los fondos que los senadores disponen para pagar a sus asistentes.

¿Fillon será finalmente candidato?

A pesar de la sospecha creciente, Fillon sigue defiendo la ejemplaridad de su carrera política. Según declaró este miércoles 1 de febrero delante de los diputados de su partido, este escándalo no es más que “un golpe de Estado institucional”, perpetrado por “la izquierda” y el “poder”. Ha asegurado, asimismo, que renunciará a su candidatura si es encausado judicialmente. “Es un hombre con mucha determinación e irá hasta el final para demostrar su inocencia”, explica Kelly. No obstante, su anunciada posible renuncia “ha sorprendido a muchos miembros de su formación, que han empezado a plantearse opciones para la elección de un nuevo candidato”, asegura la periodista de Mediapart Ellen Salvi. El Penelope Gate no ha hecho más que acentuar las tensiones internas entre los partidarios de Fillon, los de Sarkozy y los de Juppé.

“Antes de este escándalo, los sarkozistas ya acusaban a Fillon de rodearse sólo de aquellas personas de su entorno más cercano”, explica Salvi, quien reconoce que “ha habido más de uno en el partido que ha sonreído” tras la revelación de este escándalo. Pero a menos de tres meses de las presidenciales, elegir a un nuevo candidato que cuente con la misma legitimidad que el ganador de unas primarias parece una quimera. “Las dos opciones que se barajan son organizar un congreso donde voten los militantes o que los dirigentes elijan a dedo a un nuevo candidato”, asegura Salvi. Sin embargo, resulta “poco imaginable una coalición entre los juppeístas y los sarkozistas para reemplazar a Fillon. Así que, de momento, los republicanos están condenados a esperar a que las aguas se calmen”, afirma Tournier.

A pesar de que Fillon parece haberse metido en un buen lío, las críticas de los líderes de las otras formaciones destacan por su tibieza. “Los únicos que están sorprendidos son los ciudadanos. Los partidos políticos parecen bastante más cuidadosos a la hora de criticarlo”, lamenta el presidente de la asociación Anticor.

El Parlamento Europeo también reclama un millón de euros al Frente Nacional de Marine Le Pen (extrema derecha) por malversación de fondos públicos en otro caso de empleos ficticios. Le acusa de haber utilizado a una veintena de sus asistentes parlamentarios para que trabajaran en las actividades del partido en lugar de las tareas legislativas de la eurocámara.

“Los franceses son cada vez menos tolerantes con los privilegios de la clase política”, explica Garrigues. Según este historiador, los ciudadanos se ha vuelto menos tolerantes con la corrupción después del deterioro social provocado por la crisis económica y la conmoción que produjo, en 2013, el caso Cahuzac, protagonizado por el exministro de Hacienda socialista, Jérôme Cahuzac, que poseía una fortuna de 3,5 millones de euros escondida en Suiza y Singapur. Tres de cada cuatro franceses piensan que sus representantes políticos son más bien corruptos, según un barómetro de Cevipof. Que los partidos no hagan de la lucha contra la corrupción un tema central de la campaña, no significa que no se respire una “atmósfera general en la que los franceses están enfrentados con la clase política”, afirma Garrigues.

Este sentimiento de desarraigo puede beneficiar a los candidatos de los extremos del tablero político, como la ultranacionalista Le Pen o el líder de la izquierda radical Jean-Luc Mélenchon. Pero también puede impulsar la candidatura del centrista Emmanuel Macron. Aunque ejerció como ministro de Economía entre 2014 y 2016, este enarca [antiguo alumno de la Escuela Nacional de Administración] se presenta sin la estructura de un partido tradicional y se ha enfundado, en parte, el traje del candidato anti-establishment. Según los últimos sondeos, publicados después de las revelaciones de Le Canard Enchaîné, Macron obtendría un 23% de los votos y adelantaría a Fillon (20%), que quedaría relegado a la tercera plaza y no se clasificaría para la segunda vuelta de las presidenciales. La condición de favorito del líder ejemplar François Fillon se derrumba y las consecuencias de su posible caída resultan impredecibles.

Fuente: ctx.es/politica

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Jaume Satorra

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El hombre no posee el poder de crear vida. No posee tampoco, por consiguiente, el derecho a destruirla. (Mahatma Gandhi)

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