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Un litro de agua dulce: del desequilibrio a la prosperidad compartida

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Miguel Aguado Arnáez 

Mire la foto. Si le preguntásemos: ¿cuántos litros de agua hay?, pensará: aproximadamente… ¡un litro! La respuesta es errónea. Tiene, efectivamente, un litro de agua mineral y otros ¡cuatro! que se han necesitado para producir el envase. Cinco litros para beber uno. Y todos ellos de agua dulce y potable, un bien muy, pero que muy, escaso.

La mayor parte del agua del mundo es salada, un 97,5%, y el restante 2,5% es, obviamente, agua dulce. De esa pequeña cantidad, el 1,6% está congelado, o sea que se encuentra en glaciares y casquetes polares. La mayor parte del 0,9% restante se encuentra en el suelo en forma de humedad o en lugares que no permiten su explotación. Solamente el 0,007% es el agua que vemos en los ríos y que baja de las montañas que nosotros consumimos.

Este sinsentido es muy proporcional y adecuado para valorar el tremendo desgaste que hacemos en el planeta, un conjunto de recursos finitos que agotamos y contaminamos como si fuesen infinitos. Desde la física y las matemáticas más elementales esta ecuación es errónea.

El agua que gastamos no es solamente la que consumimos en ducharnos, lavar la ropa, preparar los alimentos o beber directamente. Casi todo lo que consumimos (bienes, productos y servicios) requiere de agua para su producción… de bastante agua.

Casi todo lo que consumimos (bienes, productos y servicios) requiere de agua para su producción.

La “huella hídrica” es un término que se refiere al volumen total de agua dulce usada para fabricar los productos o servicios que consumimos, es decir, un indicador que nos dirá cuánta agua se ha usado en todo el proceso de fabricación de un producto. Por ejemplo, para hacer una barra de pan necesitas trigo y ese trigo necesita agua para crecer y todos los procesos consecutivos hasta que esa barra está en nuestra mesa lleva aparejados una huella hídrica. En este sentido se calcula que cada persona consume una media de unos 1.240 m3 de “agua virtual” al año, o lo que es lo mismo, 3.400 litros diarios.

Para terminar de deprimirnos, le pongo el último ejemplo: supongamos que en el desayuno de esta mañana tomó una tostada, un café y un zumo. El total del agua dulce consumida para el desayuno ha sido de 410 litros (tostada (100 Litros), café (140 Litros) y  Zumo (170 Litros).

Ya dejo de deprimir con ejemplos, no sin antes indicarle que el alimento de consumo diario que más agua necesita es la carne. Para producir un kilo de carne de vacuno se se gastan 15.400 litros de agua. El cerdo y el pollo no se quedan cortos, 6.000 (l/kg) y 4.300 (l/kg), respectivamente. Con nuestro modelo de alimentación tambien ayudamos o perjudicamos al planeta.

Agua, desigualdad y solidaridad

La falta de agua dulce y potable, por seguir con el tema, no solamente perjudica al planeta (algo obvio) ni a a las especies que en él habitan, sino muy especialmente a nosotros mismos. Cada vez más los conflictos se producen en lugares donde el agua es escasa o está muy contaminada, las guerras tienen mayor asiento donde el agua es un bien escaso o en disputa.

Para producir un kilo de carne de vacuno se se gastan 15.400 litros de agua

Cuando se publican datos sobre la desigualdad entre los recursos económicos y su incremento en los últimos años, nos indignamos; con razón. Cuando, además, sabemos que el nivel de desigualdad de nuestro país es el segundo mayor de Europa nos enfadamos mucho más y entendemos que tiene que ver con el modelo económico y político. Es verdad, el modelo depredador y egoista propio del capitalismo sin control es el responsable. Con los recursos del planeta debería pasar lo mismo o más. Pruebe a pensar cómo respirar si tuviese todo el dinero del mundo en sus manos y nada del oxígeno del planeta a su disposición. Pensar en“repensar” la política desde el principio de sostenibilidad no es una añadido de moda o nuevo, es y debe ser uno de los principales ejes de acción de la política por y para las personas, la política con ética y justicia.

Entonces, ¿qué podemos hacer o proponer para el progreso de nuestra sociedad?. No podemos quedarnos en reflejar los problemas y llamar la atención sobre ellos, siendo esto importante. Debemos hacer propuestas y tener un discurso claro, didáctico y convincente capáz de hacer mostrar esta situación, pero al tiempo debemos trasladar propuestas de acción y, sobre todo, confianza en las capacidades como sociedad si trabajamos juntos para lograrlo. Tenemos que transformar esos problemas en la vía de la solucción.

Tambien desde el punto de vista ambiental y de sostenibilidad del planeta y de nuestra especie debemos considerar el concepto de la solidaridad. Debemos ampliar ese concepto a tres planos: la solidaridad con los más desfavorecidos (el reparto justo de los recursos exitentes), la solidaridad con otros territorios (pensar en global desde nuestra actuación local y personal) y la solidaridad intergeneracional(pensar en los recursos y su calidad que dejamos para futuras generaciones).

Miguel Aguado es secretario del Foro de Economía Progresista

Fuente: iniciativadebate.org/agua-dulce

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El hombre no posee el poder de crear vida. No posee tampoco, por consiguiente, el derecho a destruirla. (Mahatma Gandhi)

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