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Cuando el PP afrontó dos mociones a la vez

Sendas iniciativas del PSOE gallego y el BNG en 2002, a raíz de la crisis del ‘Prestige’, no prosperaron pero abrieron el camino a la derrota de Manuel Fraga en las siguientes elecciones autonómicas. 

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Manifestación en diciembre de 2013 por el accidente del Prestige

Si el PP se siente acorralado en estos momentos, debería preguntarse qué sentía el PPdeG de Manuel Fraga en diciembre de 2002. Al contrario que Rajoy en la actualidad, Fraga gobernaba entonces con una mayoría absoluta revalidada un año antes, 41 diputados por 17 del PSdeG-PSOE y otros tantos del BNG. Pero un achacoso petrolero, el Prestige,había sufrido una vía de agua el 13 de noviembre anterior, y la gestión del Gobierno había convertido un accidente en una catástrofe y el chapapote invadía la costa. La indignación ciudadana no hacía que ardiesen las entonces inexistentes redes sociales, pero inundaba las calles. En la plataforma Nunca Máis se habían integrado tres centenares y medio de organizaciones, desde partidos a sindicatos, asociaciones de vecinos y empresas. Había manifestaciones con frecuencia semanal que en ocasiones superaban los 100.000 mil asistentes; 40.000 escolares formando cadenas en las playas; decenas de conciertos reivindicativos simultáneos; encierros de los actores de la teleserie que arrasaba en audiencia, pasarelas de moda en las que las modelos portaban pancartas… cualquier forma de protesta era plasmada en cuanto se proponía. El omnipresente Fraga desapareció de la vida pública un par de semanas. Así que los dos grupos de la oposición presentaron una moción de censura. Una cada uno.

La primera la presentaron el 25 de noviembre los socialistas. El desencadenante fue la revelación de que el presidente de la Xunta estaba en una cacería en los montes de Aranjuez cuando el chapapote llegaba a la costa, hecho (el estar de caza) que primero negó y después tuvo que admitir. “Fraga ha actuado con una grave irresponsabilidad, insoportable en democracia. Ha dado la espalda a Galicia cuando más lo necesitaba y ha gestionado de forma desastrosa la catástrofe del Prestige”, había justificado el secretario general de los socialistas gallegos, Emilio Pérez Touriño. Como ahora Podemos, el PSdeG era la tercera fuerza parlamentaria por número de votos, aunque a escaños estuviese empatada con la segunda, el BNG. El presidente del grupo parlamentario del PSdeG, Ismael Rego, reconoció que no habían mantenido negociaciones oficiales para buscar un acuerdo: “Simplemente compartimos con el BNG el objetivo de que las mociones de censura deben recoger el sentir de la ciudadanía, la falta de confianza en que la crisis la vayan a resolver los mismos que la crearon”. 

EL OMNIPRESENTE FRAGA DESAPARECIÓ DE LA VIDA PÚBLICA UN PAR DE SEMANAS. ASÍ QUE LOS DOS GRUPOS DE LA OPOSICIÓN PRESENTARON UNA MOCIÓN DE CENSURA. UNA CADA UNO.

Ni oficiales ni previas, pero conversaciones hubo, aunque en sentido diametralmente opuesto. “El anuncio de la moción nos cogió a contrapié, y tuvimos un debate interno sobre qué hacer”, recuerda Anxo Quintana, entonces coordinador y portavoz de la organización nacionalista. “El PSOE la presentaba como forma de salir del fuera de juego en el que estaba [no estaba integrado en Nunca Máis, con referentes como el alcalde coruñés, Paco Vázquez, beligerante en contra]. Me reuní con Touriño y le dije que aquello era como intentar capitalizar las movilizaciones ciudadanas, y que no iba a dar resultado, no solo porque el PP tenía una cómoda mayoría absoluta, sino porque daría la imagen de una alternativa política dividida”. Según Quintana, el líder socialista accedió a posponer la moción, pero “no sé si por presiones de Madrid”, volvieron a la posición inicial. “Nosotros éramos la principal fuerza de la oposición y, obviamente, tuvimos que presentar otra”. 

Paradójicamente, quien tampoco ardía en deseos de presentar la moción era el candidato alternativo del Bloque, Xosé Manuel Beiras, inmerso entonces en la estrategia de la organización de fumar la pipa de la paz con Fraga, como método de resguardarse de los terremotos, mediáticos y políticos, con epicentro en La Moncloa de José María Aznar. De todas formas, una vez que el Consello Nacional del BNG tomó la decisión, argumentos no faltaban. “El presidente debe dimitir por permitir que el Gobierno español usurpe el autogobierno de Galicia. La Xunta dimitió de su poder autónomo dejando que los enviados de Aznar convirtieran a los conselleiros en funcionarios”, proclamó Beiras el 5 de diciembre, el día en que su grupo presentó la moción. El pleno del Parlamento donde se debatieron ambas se celebró una semana después, el día 12. 

Los nacionalistas pidieron la dimisión de Fraga; los socialistas, la convocatoria de elecciones anticipadas. “Déjelo ya, señor Fraga. Retírese, descanse, lea, escriba o cace. Le agradeceremos los servicios prestados, pero no se empeñe, no insista; todo tiene un tiempo y un límite”, dijo Touriño, mientras Beiras se cargaba de ironía para acusar al viejo rival de haberse convertido en “un muñeco de pim-pam-pum para desviar las responsabilidades hacia la Xunta, porque Aznar no le perdona sus divergencias y sus demandas autonomistas. Le están disparando por la espalda”. Cada grupo apoyó la moción del otro, aunque, obviamente, el resultado en ambas fue el mismo y negativo: 41 en contra, 34 a favor. 

CADA GRUPO APOYÓ LA MOCIÓN DEL OTRO, AUNQUE, OBVIAMENTE, EL RESULTADO EN AMBAS FUE EL MISMO Y NEGATIVO: 41 EN CONTRA, 34 A FAVOR.

“No abandonaré el barco”, contestó, con un símil quizás no muy oportuno, un Fraga que había celebrado su 80 cumpleaños la antevíspera de la presentación de la moción. “Cumpliré hasta el final el compromiso con Galicia. Nosotros estuvimos en nuestros sitios desde el primer momento. Estamos todos en Nunca máis, aunque algunos pretendan convertirlo en su monopolio”, dijo, a la vez que recordaba que el BNG le había presentado ya otra moción fracasada el año anterior, al final de su anterior mandato, por la crisis de las vacas locas (y que en aquella ocasión no tuvo el apoyo del PSOE).

El 25 de mayo del año siguiente se celebraron elecciones municipales. El relato creado por el PP, con su potencia mediática, proclamó la victoria del partido en Galicia, focalizándola en la zona cero del Prestige, Muxía, donde había centrado todos sus esfuerzos inversores (aquella fue la última vez que Muxía tuvo alcalde popular). Pero el relato que compraron sobre todo los que habían depositado grandes expectativas electorales de cambio era más bien falso. Pese al “No a la guerra” que proferían millones de manifestantes en las calles desde que, en febrero, tuvo lugar la invasión de Irak, en las elecciones de mayo el partido de Aznar prácticamente empató con el PSOE en votos (34,28% el PP, 34,71% el PSOE), y solo perdió un 0,43% de apoyos con respecto a 1999. En Galicia, sin embargo, el PP bajó 3,88 puntos desde las anteriores municipales y la suma de los resultados de la oposición superó en un 4,92 % al del PP en Galicia, cuando cuatro años antes había sido un 1,60% inferior. En las elecciones autonómicas de 2005, socialistas y nacionalistas alcanzaban el 52,63% de los votos y Fraga se veía obligado a abandonar el barco.  

AUTOR: Xosé Manuel Pereiro

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El hombre no posee el poder de crear vida. No posee tampoco, por consiguiente, el derecho a destruirla. (Mahatma Gandhi)

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