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Emilio Valldecabres, el abogado valenciano fusilado por firmar la sentencia de muerte de José Antonio

El letrado republicano y socialista Emilio Valldecabres fue ejecutado el 17 de enero de 1940 acusado de haber firmado la sentencia de muerte del líder falangista. La familia, que se negó a que fuera enterrado en el Valle de los Caídos, siempre ha sostenido que el abogado firmó la sentencia por obligación: “Creo que él no veía razón de fusilar a José Antonio”, señala su sobrina. “En el sumario únicamente aparece que dio su consentimiento y en varias declaraciones dice que efectivamente así lo hizo porque le correspondía en su función”, explica el historiador Pedro Gascón.

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El fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera.

El fusilamiento del fundador de la Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, tuvo una víctima colateral. El letrado Emilio Valldecabres Malrás, socialista y asesor jurídico del Ministerio de Defensa Nacional, fue ejecutado el 17 de enero de 1940 acusado de haber avalado la sentencia de muerte del líder falangista.

El abogado valenciano, oriundo de Quart de Poblet, un municipio cercano a Valencia, era descendiente de una saga burguesa de comerciantes y terratenientes locales pero adscrito a la rama liberal y republicana de la familia, según explica a este diario la historiadora Andrea Moreno, asesora técnica de la Comisión Municipal de Memoria Histórica de la localidad.

Tanto Emilio como su hermano Onofre, que estuvo vinculado a los servicios de información republicanos, fueron socialistas y republicanos. Emilio Valldecabres presidió el Tribunal Permanente de la demarcación de Levante y fue asesor jurídico del Ministerio de Defensa Nacional y del Ejército del Centro. Su destino quedaría irremediablemente marcado al final de la guerra al del fundador de la Falange española.

Jose Antonio Primo de Rivera negó durante el proceso que lo juzgó haber participado en la preparación de la sublevación militar contra la II República. “En las circunstancias de la guerra civil española, poca duda cabe de que su participación activa en la coordinación de la contribución falangista al alzamiento justificaba que se le acusara, junto con su hermano Miguel y su cuñada Margot, de conspiración y rebelión militar”, escribe el hispanista británico Paul Preston en Las tres Españas del 36 (Debolsillo, 2011).

La madrugada del 18 de noviembre de 1936, los tres magistrados que formaban el tribunal que juzgaba a Primo de Rivera en Alicante accedieron a la petición del fiscal de pena de muerte para el líder falangista, reclusión perpetua para Miguel Primo de Rivera y seis años y un día para la esposa de éste, Margarita Larios. “Antes de que el Consejo de Ministros pudiera pedir un indulto o la conmutación de la pena, el Comité de Orden Público local ordenó que se aplicara la sentencia el día 20 de noviembre por la mañana”, explica Preston. A las seis y media de la madrugada, José Antonio Primo de Rivera fue fusilado.

El sumario del fusilamiento del abogado valenciano, localizado por la Comisión Municipal de Memoria Histórica de Quart de Poblet en el Archivo General e Histórico de Defensa de Madrid, vincula a Valldecabres con el “informe como asesor jurídico pidiendo la pena de muerte de José Antonio Primo de Rivera”. Sus descendientes, sin embargo, siempre han asegurado que el abogado fue obligado a firmar, incluso después del fusilamiento del líder falangista, ya que no estaba de acuerdo con la sentencia de pena de muerte. “Lo despertaron a las cuatro de la madrugada en la residencia de Valencia que le había asignado el Gobierno para firmar la sentencia”, cuenta su sobrina Annik Valldecabres. “Creo que él no veía razón de fusilar a José Antonio”, añade.

El historiador Pedro Gascón fue el encargado por la Comisión Municipal de Memoria Histórica de Quart de Poblet de localizar el sumario del ilustre vecino. Trece personas vinculadas a Quart de Poblet, ora por nacimiento ora por vecindario, fueron fusiladas durante la represión franquista de posguerra, como contó el diario Levante-EMV en 2008. El sumario de Emilio Valldecabres es “relativamente extenso, se le acusaba de haber formado parte de la organización jurídica que condenó a José Antonio”, explica Gascón.

Valldecabres era miembro del consejo jurídico asesor del Ministerio y, “como tal, le correspondía, al haberse declarado el estado de guerra, validar o asesorar ese juicio”, apostilla el historiador. “En el sumario únicamente aparece que dio su consentimiento y en varias declaraciones dice que efectivamente así lo hizo porque le correspondía en su función”, añade Gascón.

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Informe del sumario que condenó a muerte al abogado valenciano Emilio Valldecabres. LEVANTE-EMV

A finales de marzo de 1939, las tropas franquistas ocuparon Valencia. Emilio Valldecabres, junto con su hermano Onofre, intentó embarcarse en el Stanbrook que aguardaba en el puerto de Alicante pero no pudo llegar a tiempo. Fue detenido en Alicante el 2 de abril, según las averiguaciones de la historiadora Andrea Moreno, y trasladado al campo de concentración de los Almendros y a diversos lugares de detención hasta acabar en el campo de Albatera. Desde allí fue trasladado a Madrid, y ejecutado el 17 de enero de 1940. “Dado que se condenaron a muerte a tantas decenas de miles de personas, tampoco era extraño que sin que fuese firmante o partícipe en el proceso de José Antonio se le hubiera condenado a muerte”, matiza Gascón.

Su hermano Onofre pudo partir al exilio y su hija Annik Onofra nació en Argelia en 1945. Los supervivientes de la rama republicana de los Valldecabres se instalaron finalmente en Francia donde años más tarde llegarían también la madre y la hija de Emilio Valldecabres. “Cuando se hizo el Valle de los Caídos el que entonces era embajador en Francia llamó a casa de mis padres para que autorizasen a enterrar a mi tío allí”, cuenta por teléfono Annik Valldecabres. La familia se negó.

FUENTE:  eldiario.es/autores/lucas_marco/

VÍDEO | Tejero es homenajeado 38 años después del golpe de Estado entre gritos de “arriba España” y “viva Franco”

Fuerza Nueva Andalucía organizó una comida el 24 de septiembre en honor al golpista expulsado de la Guardia Civil y su esposa en la que él brinda por “la bendita España”. “Es una comida de hombres al final de cada verano y esta vez invitamos a nuestras esposas”, dice el presidente de la organización ultra, Juan León Cordón, a eldiario.es. El exteniente coronel Tejero, ante decenas de comensales: “Por nuestras mujeres, que han hecho posible que los hombres hagamos las cosas que hemos hecho”.

24 de septiembre de 2019. Treinta y ocho años después del golpe de Estado, el que fuera teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero es homenajeado por Fuerza Nueva Andalucía. Su intervención ante un salón con varias decenas de comensales termina con un brindis en el que el militar golpista grita “arriba España”. Los presentes responden con otras consignas, entre ellas “viva Franco”. La escena tiene lugar en un restaurante de una pedanía de Vélez-Málaga.

En el vídeo se observa intervenir en primer lugar a Juan León Cordón, presidente de Fuerza Nueva Andalucía, que glosa la figura de Tejero y su esposa, Carmen Díaz Pereira. “Se cumplen en usted a plenitud los ideales de la Guardia Civil: amor a España por encima de todo, lealtad al juramento prestado y a la palabra empeñada, aun cuando esto le haya supuestos graves perjuicios, y arrogancia, no como chulería sino en la tarea de combatir a los enemigos de España”.

Antes, León Cordón dedica unas palabras a la mujer de Tejero. Según explica el presidente de Fuerza Nueva a eldiario.es se trata de “una comida de hombres” que su organización celebra al término de cada verano. En esta ocasión se decidió invitar a las esposas de los militantes y, de ahí, incluir en el homenaje a Díaz Pereira.

A la esposa de Tejero, el ultraderechista le dedica las siguientes palabras: “Doña Carmen, esposa y madre, valiente y abnegada, que ha acompañado en todos los avatares y vicisitudes, que no han sido pocas, la carrera de nuestro admirado teniente coronel, y ante los que ha sabido responder con dignidad, silencio y sacrificio. El señor os ha bendecido con una numerosa prole de la que podéis sentiros legítimamente orgullosos, y os ha otorgado el regalo más preciado, tener un hijo sacerdote”.

Tejero no se queda atrás en sus palabras de exaltación al concepto de mujer que tiene y responde con un brindis: “Por nuestras mujeres, que han hecho posible que los hombres hagamos las cosas que hemos hecho”. El presidente de Fuerza Nueva Andalucía, al ser preguntado por el motivo del homenaje, afirma: “Nosotros no ocultamos nuestra admiración por el teniente coronel Tejero y lo que representa”. Tejero fue condenado a 30 años por un delito de rebelión por su papel destacado en la intentona golpista de 1981. En 1993 comenzó a salir de la cárcel en tercer grado.

La comida, en un restaurante de Benajarafe, está presidida por una bandera de España con el águila preconstitucional y otra con el emblema y lema de la Guardia Civil. León Córdoba asegura que el instituto armado no tuvo nada que ver con la celebración. A la mesa principal se sienta también un coronel retirado del Ejército, de apellido Mayoral.

El maestro de ceremonias, Juan León Córdoba, es un conocido ultraderechista que fundó Fuerza Nueva Andalucía en 2001 pese a que Blas Piñar, fallecido en 2014, decidió el final de la organización en 1982. “Lo hice con su consentimiento y bajo su dirección”, afirma Léon Córdoba. La organización apenas tiene actividad pública. El presidente de Fuerza Nueva Andalucía es también coordinador de la Fundación Nacional Francisco Franco en Andalucía.

Un reportaje de El País sobre los ultraderechistas españoles refugiados en Paraguay durante la dictadura de Alfredo Stroessner, le sitúa en ese país en 1988 con la misión de reconstituir Fuerza Nueva en Latinoamérica, por orden de Blas Piñar, y aglutinar a los militantes allí huidos por tener causas pendientes con la justicia. En su conversación con eldiario.es, León Cordón asegura que pasó una década en Uruguay por motivos personales profesionales y niega esas funciones. La citada publicación asegura que León Cordón fue detenido y pasó un tiempo en prisión, antes de su estancia en Uruguay, precisamente por unos disturbios en una protesta reivindicando la figura de Tejero.

Las memorias del general franquista que ganó la guerra y perdió la paz

El historiador Jaume Claret rescata los cuadernos de Latorre Roca, en los que criticaba la posición diplomática de la dictadura y la corrupción y enriquecimiento de muchos de sus compañeros.

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Rafael Latorre Roca. Fotografía de la colección particular de la familia Fernández Corte.

Uno de los mayores peligros en el oficio de historiador es concebir el pasado de forma maniquea, como si el tiempo y los procesos históricos que lo inundan fuesen una sucesión de blancos y negros, de posiciones opuestas y siempre coherentes. Todos somos conscientes de este riesgo, tan típico del periodismo y del análisis político actual. Sin embargo, a veces tentados por ofrecer explicaciones convincentes en las que todas las piezas encajen, o para lograr divulgar o transmitir un mensaje, en más de una ocasión hemos caído en este error, relatando una historia demasiado monocorde, donde las notas que suenan en nuestra narración del pasado son escasas o siempre las mismas. Este problema se hace patente, por ejemplo, en el estudio de las dictaduras y, por supuesto, del régimen franquista.

No obstante, a veces aparecen documentos, testimonios, que nos muestran que la historia, como la vida, dista siempre de la simplificación y de las posiciones únicas. Documentos rescatados por historiadores que nos acercan de manera compleja a determinados momentos históricos. Creo que es el caso de Ganar la guerra, perder la paz. Memorias del general Latorre Roca, seleccionadas y editadas por Jaume Claret (Crítica, 2019), pues el libro es un soplo de aire fresco para el conocimiento del nacimiento, consolidación y desarrollo de la dictadura del general Franco. Una obra útil para abordar, cuestionarse y matizar temas tan importantes (y variados) como el papel del Ejército en el primer tercio del siglo XX; las operaciones militares durante la guerra civil; la “pacificación” de las zonas conquistadas por los sublevados tras la guerra; la capacitación militar de los mandos rebeldes y franquistas; la corrupción generalizada entre los jerarcas del régimen; la responsabilidad de Franco y de sus colaboradores más cercanos en el fracaso económico de la autarquía; el papel de Falange; la pésima preparación del caro Ejército franquista; y un larguísimo etcétera. En suma, Ángel Viñas lo señala sin tapujos en el prólogo: “Este libro es una joya”.

Rafael Latorre Roca (1880-1968) fue un oficial del cuerpo de Artillería del Ejército con una incontestable necesidad por escribir. Bien entrados los años cuarenta comenzó a redactar una serie de cuadernos en los que repasaba su vida. Dedicó páginas a la dictadura de Primo de Rivera, pero también a la II República, cuando se retiró voluntariamente acogiéndose a la reforma militar de Azaña. Dedicó la mayoría de su tinta a la guerra civil, sin duda el momento más importante de su vida, cuando se une a los sublevados en Pamplona, vuelve a reintegrarse en el Ejército y dirige una columna en la conquista del norte de Navarra y el País Vasco. Cuando llega la victoria sublevada, Latorre sigue escribiendo, descontento con la posición diplomática de la dictadura, con la corrupción y enriquecimiento de muchos de sus compañeros y con la política de venganza instaurada por el franquismo. La lectura de su relato nos hace extraer varias conclusiones de su persona. Era un militar preparado, con criterio y elevado conocimiento profesional. También tenía un alto sentido crítico pues, a pesar de algunos silencios o deformaciones (que más adelante señalaremos), en todo momento es capaz de apuntar las sombras que ve entre los suyos y en la dictadura. 

Varias convicciones acompañaron a Latorre durante su vida. Primero, que el Ejército tenía que ser un instrumento para unir a la “Patria”, como señala en innumerables ocasiones. Por eso, tenía que estar al servicio de la soberanía popular. Esto nos habla, en suma, de un oficial que comparte algunos de los principios esenciales del liberalismo, alejado de las reaccionarias posiciones de los africanistas. Bajo este razonamiento, y teniendo presente la historia de España del siglo XIX, en todo momento Latorre abogará porque el Ejército no participe en política. Así se entiende su crítica a la dictadura de Miguel Primo de Rivera. No obstante, esta primera convicción será traicionada en una ocasión: como advertimos, en julio de 1936 regresará al Ejército, tomará las armas contra la República y se convertirá en un sublevado más contra el legítimo poder civil y democrático.

La segunda convicción que le acompañó durante toda su vida, y que se refleja constantemente en los cuadernos, es su defensa de la “Patria”. Su patriotismo le hará justificar muchas de sus acciones (incluida su adhesión al golpe militar), pero también lo convertirá en una persona inconformista, que criticará todo lo que, aún dentro de la dictadura, considera perjudicial para España. No obstante, su concepto de España como entidad única e indivisible le incapacitará para comprender otras realidades nacionales, como ponen de manifiesto sus comentarios sobre los nacionalistas vascos. Y su concepción de España estará, como sucederá con la inmensa mayoría de los partidarios del golpe, preñada de catolicismo, concebido como algo consustancial a su nación a lo largo de la historia.

Será el catolicismo lo que marque su tercera convicción vital: un catolicismo entroncado en la doctrina social de la Iglesia. Este le hará ser crítico con la jerarquía eclesiástica y con algunos sacerdotes, tratando de explicar el porqué del anticlericalismo durante la II República y la guerra civil. Todo se plasma, por ejemplo, en las fabulosas páginas que dedica a la situación de las cuencas mineras y rurales de Asturias durante su paso por el gobierno militar durante la guerra (1937-1938), en las que también se evidencia su preocupación social por las miserables condiciones que sufrían muchas familias de obreros y campesinos. 

Leer los cuadernos de Latorre Roca nos acerca a una persona peculiar. Fue desde luego excepcional entre sus compañeros de milicia. Pero también lo fue entre los jerarcas franquistas que, durante la guerra y tras ella, ocuparon puestos de responsabilidad (tras retirarse como general, fue director de la Confederación Hidrográfica del Duero). Latorre fue un hombre con personalidad suficiente como para sostener unas convicciones que se identificaban con las sostenidas por los sublevados, pero al mismo tiempo, dentro de ellas, fue capaz de ejercer una crítica demoledora sobre lo que tenía a su alrededor. Todo desde una posición de poder, desde dentro de las filas de los rebeldes, dentro del aparato institucional del franquismo. Y siempre, con una escritura brillante, ágil pero repleta de detalles, con expresiones muy características, con exclamaciones y preguntas irónicas que desnudan la realidad. 

Unas palabras sobre el trabajo del editor, Jaume Claret. Hay que llamar la atención sobre la increíble oportunidad que se presentó ante él al poder publicar los cuadernos de Latorre Roca. Pero si la oportunidad era alta, también lo era la responsabilidad, que Claret resuelve a nuestro juicio con brillantez. Podía haber optado por reproducir todo lo que Latorre escribió. Eso quizá hubiese sido lo más fácil, cumpliendo con el deseo de cualquier investigador, para así poder sumergirse en todos los detalles aportados por el peculiar general. Pero el editor ha tomado otro camino, a nuestro juicio más acertado: pensando quizá en el gran público, y sin perder seriedad académica, selecciona las partes más relevantes del relato de Latorre. No obstante, no se trata de meros fragmentos deslavazados. Claret realiza un trabajo serio de contextualización (y también de fundamentación de sus decisiones), introduciendo al lector en cada pasaje o temática, aportando también reflexiones críticas que nos conducen con acierto en la lectura. A nuestro parecer la selección es idónea, aunque quizá las partes relativas a la actuación en el gobierno militar de Asturias sean demasiado extensas. 

El relato de Latorre es corrosivo. No deja títere con cabeza. Falange era un “partido de enchufistas” que “cobarde y vilmente se dedicaban a hacer ingerir por la fuerza a sus víctimas el ricino, a cortarles el pelo, cuando no pasaban a mayores paseando a aquellas” (p. 93). El Ejército tampoco se salva, afirmando que “su falta de preparación profesional y técnica sigue siendo su característica más destacada hoy” (p. 79), a lo que sumará una demoledora crítica sobre la nula preparación de sus compañeros oficiales, algo de lo que Franco se servirá para controlar el poder (p. 115). El “Generalísimo” no escapará a sus críticas: lo tildará de mediocre e incluso subrayará su cobardía a la hora de sumarse a la sublevación (p. 106). Pero si hay algo que llama la atención es la corrupción brutal sobre la que germinó y pervivió el franquismo: oficiales, funcionarios, falangistas, amigotes o la propia familia de Franco hicieron su agosto durante toda la dictadura, garantizando así su sumisión al dictador y su apoyo incondicional.

Pero también debemos tomar con cautela el relato de Latorre. Tener en consideración sus silencios y sus interpretaciones. En primer lugar, llama la atención que, pese a su carga crítica hacia todo lo que le rodea, justifique su adhesión al golpe militar. Entonces sí pareció estar justificado que el Ejército derribase al gobierno: “A mí me sorprendió en Pamplona y en unión de mis dos únicos hijos sin previo acuerdo nos lanzamos al campo en defensa de los sacrosantos intereses de la PATRIA” (p. 51). A su juicio, la situación para la supervivencia de España lo exigía. 

En segundo lugar, es interesante la posición que toma Latorre respecto a la violencia rebelde durante la guerra y después. Durante los primeros meses que siguieron a la sublevación, y dado que él conducía una columna, sencillamente no la menciona directamente, a pesar de ser conocida la virulencia de la misma; se limita a afirmar que frenó cualquier desmán entre sus subordinados e incluso los castigó. Lo mismo sucede durante el resto de la contienda. Pero el silencio es mucho peor en lo que se refiere a la posguerra, cuando parece que el régimen ha dejado de ejecutar a sus enemigos, aunque algunos investigadores hace tiempo que demostraron que durante esa década la violencia franquista segó no menos de 50.000 vidas. Todos estos silencios de Latorre vienen condicionados por su convicción de que los consejos de guerra ejercían una justicia legítima, efectiva y equilibrada. Este pensamiento no es extraño en un militar de alta graduación, si bien diversas investigaciones han evidenciado las nulas garantías jurídicas de los consejos de guerra, por no hablar de su legitimidad para juzgar aquellos “delitos de rebelión”.

Otra cuestión interesante es la relativa a la ayuda militar recibida por los rebeldes durante la guerra. Latorre reconoce (tardíamente) que existió, e incluso fundamenta la victoria rebelde en ella. Pero, como acertadamente resalta Claret, no la menciona en sus campañas bélicas en Navarra y País Vasco, seguramente para apuntalar ese momento mítico que para muchos supuso la guerra civil. Además, existe algún clamoroso silencio: por ejemplo, no menciona los bombardeos aéreos en el frente norte, y por supuesto tampoco la brutalidad de Guernica.

Finalmente, queda un aspecto no resuelto en las memorias. Si Latorre Roca vertió una crítica tan ácida y corrosiva sobre el franquismo, ¿por qué no abandonó la carrera militar ni los cargos para los que fue designado? Jaume Claret también ofrece reflexiones interesantes al respecto. Apunta que su crítica fue mucho más allá de la de otros de sus compañeros, no sólo de manera privada a través de lo anotado en sus cuadernos, sino porque Latorre Roca publicaría innumerables artículos (algunos agrupados en libros) donde señalaba los problemas de la dictadura  aunque de forma más matizada. También se relacionó con otros altos oficiales de la milicia e incluso políticos del régimen, a los que sin duda refirió sus opiniones. Pero una cosa es que Latorre reflexionase sobre cómo se estaba perdiendo la paz, y otra muy distinta que estuviese dispuesto a abandonar el barco del franquismo. 

Todos los silencios, dobleces y aparentes contradicciones apuntados no empañan, en ningún sentido, el interés excepcional de los cuadernos de Rafael Latorre, no solo para quienes aspiren a conocer mejor los años de entreguerras en España y el difícil primer franquismo, sino también para los investigadores que quieran revisar sus planteamientos, matizarlos o ampliarlos. En sus recuerdos, en sus críticas, en sus reflexiones, Latorre nos presenta un auténtico catálogo para futuras investigaciones. En algunos casos para revisar y matizar temas ya planteados; en otros, para discurrir por caminos menos transitados. Las memorias del general Latorre vuelven a demostrar que, como ya planteó Marc Bloch, la verdadera historia reside donde se encuentra la carne humana. Con sus contradicciones y sus silencios. Desde uno de los pilares más señalados de la dictadura franquista, el Ejército, Rafael Latorre Roca nos muestra que la historia está llena de colores y matices.

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AUTOR: Miguel Ángel del Arco Blanco es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Granada. Ha dedicado sus investigaciones especialmente al estudio de la guerra civil, el franquismo y el fascismo.

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Milers de víctimes de la guerra de 1936-1939 continuen en fosses comunes vuitanta anys després

Es calcula que a l’estat espanyol hi ha pel cap baix 114.000 desapareguts forçosos i unes 2.740 fosses · Del 2000 ençà s’han recuperat més de 9.000 cadàvers.

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Restes òssies d’un soldat de la guerra del 1936-1939 a la fossa del cementiri vell del Soleràs (Les Garrigues)

Vuitanta anys després de la fi de la guerra de 1936-1939, l’estat espanyol continua essent el segon país del món amb més desapareguts, tan sols superat per Cambotja. En relació amb això, Espanya ha rebut diversos avisos de les Nacions Unides. El 2017 el grup de treball de desaparicions forçades de l’ONU criticava durament en un informe el govern de Mariano Rajoy. Li retreia que no havia complert les recomanacions que li havia fet quatre anys abans. Avui, que es commemora el dia internacional de les víctimes de desaparicions forçoses, la situació no ha canviat pas gaire.

Costa de filar prim a l’hora de determinar la xifra de desapareguts a l’estat espanyol. L’ONU parlava de més de 114.000, en la línia de la interlocutòria que va emetre l’ex-jutge espanyol Baltasar Garzón quan va voler investigar els crims del franquisme. Algunes altres associacions fan enfilar la xifra fins a 140.000. Quant al nombre de fosses, el mapa oficial espanyol en comptava 2.740. Al febrer, un informe d’experts encarregat per la direcció general per a la Memòria Històrica, que depèn del Ministeri de Justícia espanyol, instava l’estat a exhumar les restes de 20.000 a 25.000 víctimes de la guerra de 1936-1939 i de la dictadura franquista.

Segons el document, entre l’any 2000 i el 2018 s’havien exhumat 740 fosses i recuperat més de 9.000 cadàvers a tot l’estat espanyol. Gràcies, sobretot, a l’impuls de les associacions de memòria històrica. La majoria eren víctimes civils enterrades en cunetes, ermots, turons i cementiris, o bé abandonades al front, o mortes en custòdia.

A més, els experts demanaven una coordinació de les diverses iniciatives d’identificació genètica dels governs autonòmics. Segons l’informe calia que es constituís una xarxa de laboratoris de genètica forense de la memòria històrica i un banc de dades d’ADN compartit, a fi de disposar de perfils biològics de víctimes i familiars comuns.

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Fossa de Figuerola d’Orcau, al Pallars Jussà, exhumada el juny del 2017.

També es recomanava de confegir un cens de víctimes que unifiqués les dades de cada comunitat i que s’activés un projecte d’investigació per a fer un registre detallat sobre la localització de les fosses comunes, amb vista a elaborar un nou mapa de fosses.

Manca de voluntat, manca de mitjans

‘D’ençà del 1979, hi ha hagut una gran manca de política pública de memòria, de tots els governs que ha tingut l’estat espanyol’, diu Antonio Calzado, doctor en història contemporània per la Universitat de València. I ho contraposa amb els casos d’Alemanya i de Xile. Considera que la llei espanyola de memòria històrica del 2007 era un bon començament, tot i ser millorable. Però l’arribada del govern del PP va paralitzar-la. Tot i mantenir-la, no la va dotar econòmicament.

Segons l’historiador, a l’estat espanyol falta una línia de subvencions i treballar al costat de les universitats. ‘Cal que hi haja línies d’investigació. L’exhumació de les fosses és una qüestió que necessita molts diners. Implica una feina d’arqueologia, un treball forense… Clavar-te mesos en un arxiu també demana partides pressupostàries molt grans.’ I recorda que implica tothom: institucions públiques, investigadors, associacions de memòria històrica i familiars.

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Crani del primer home identificat i localitzat en una fossa del Soleràs.

Precisament les associacions de memòria històrica denuncien que la responsabilitat no es pot deixar a les mans de les famílies. Si bé fins ara han encapçalat algunes exhumacions de pocs cossos, hi ha fosses amb molt més cadàvers que han de ser exhumades, però se n’han d’encarregar les institucions públiques, reclamen.

La dreta espanyola sempre ha estat refractària als programes de recuperació de la memòria històrica, amb l’argument que es reobren ferides del passat. ‘És l’argument principal. Però el problema no és obrir ferides del passat, és que encara no s’han tancat’, diu Calzado, que recorda que no se saben els noms de totes les víctimes del franquisme. Ni el seu patiment i el dels seus familiars.

Opina igual Maria Antònia Oliver, presidenta de l’Associació de Memòria de Mallorca. Encara cerca el seu avi, i esmenta l’angoixa que es transmet de generació en generació. La seva mare, la petita de la família, és l’únic dels germans que queda viu, a la recerca del pare.

‘És molt dur. Jo, el meu padrí no el coneixia, però la meva mare sí que l’he vista sofrir’, es lamenta. Denuncia la manca de voluntat política i de sensibilitat, i l’intent d’ocultar i disfressar la realitat. ‘Quan ho hem notat, hem recorregut als tribunals, que ens han tancat les portes. Perquè estan viciats des de la transició. És complicadíssim.’  Fosses-Comunes

La situació als Països Catalans

A l’informe de l’ONU de fa dos anys els únics canvis positius s’observaven en l’àmbit dels governs autonòmics.

A Catalunya hi ha registrades 505 fosses, segons les darreres dades publicades per la Generalitat, que va començar a elaborar el pla de fosses el 2017, un pla que desenvolupa la llei del 2009. N’han estat confirmades 234 i la resta són probables. Sembla que contenen més de cinc mil persones. Del 1999 fins l’any passat, s’havien fet 41 exhumacions, que han permès de recuperar les restes de 345 persones. Tanmateix, només vuit han estat identificades. També s’han fet 79 actuacions de recollida de restes òssies trobades a la superfície, que han servit per a recuperar un mínim de 204 persones.

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Arqueòlegs treballant a la fossa de la guerra al cementiri vell del Soleràs, el novembre del 2017.

A Mallorca, l’Associació de Memòria esmenta l’existència d’unes 53 fosses només en aquesta illa. Malgrat alguns avenços, no hi ha xifres oficials. L’associació calcula que a les Illes van ser assassinades unes tres mil persones en el període de la guerra, la majoria desaparegudes de manera forçosa, és a dir, sense cap procés que els sentenciés a mort.

Arran d’una llei del 2016, el govern balear ha excavat fins ara dotze fosses i té previst d’obrir-ne vuit més fins l’any vinent, segons que explica Jesús Jurado, secretari autonòmic de Memòria Democràtica. Ara com ara, s’han recuperat setanta cossos, si bé només se n’han identificats setze. S’han fet algunes petites actuacions a Eivissa i se n’espera alguna a Formentera. A Menorca, esperen que es completi el mapa de fosses per actuar; és un dels objectius de la legislatura de la Conselleria d’Administracions Públiques.

Jurado també esmenta el cas de la fossa de la Coma, a Sant Llorenç del Cardassar (Mallorca), on hi ha les restes de molts milicians catalans. S’espera poder obrir els quatre anys vinents. ‘I estem pendents de renovar un conveni amb la Generalitat de Catalunya’, afegeix. L’aplicació de l’article 155 va paralitzar la col·laboració per senyalitzar la Coma, on centenars de soldats que acompanyaven el comandat Albert Bayo van ser assassinats el 1936.

Al País Valencià, el Grup per a la Recuperació de la Memòria Històrica (GRMH) havia documentat el 2016 l’existència d’unes 300 fosses, on sembla que hi ha uns deu mil cossos enterrats. Tanmateix, no hi ha xifres oficials sobre persones assassinades, diu Calzado. ‘Pràcticament són totes al registre civil; sabem que van ser afusellades, però no se sap a quina fossa són soterrades i encara s’han de quantificar’, explica. Així i tot, creu que molts més del 50% dels afusellats no se sap on són.

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Cossos a la fossa 113 del cementeri de Paterna.

Oliver lamenta que la burocràcia dificulti el procés per a desenterrar les víctimes de desaparicions forçoses. ‘Anem avançant, però molt a poc a poc. I han passat molts anys pel fet d’anar poc a poc. Hauríem de fer molta via’, conclou. Després de vuitanta anys, la pressa no la tenen els morts, que esperen sota terra en una fossa, sinó els familiars que els cerquen de fa dècades. I cada vegada els queda menys temps per a poder homenatjar i oferir el repòs que mereixen als seus éssers estimats. Fosses-Comunes

Per:   Andrés G-Nandín

Carlos Fernández, el ingeniero republicano que levantó la Cruz del Valle de los Caídos

Carlos Fernández Casado era un referente de la ingeniería civil en la República que acabó trabajando para el franquismo por su relación con el constructor del mausoleo de Cuelgamuros, Félix Huarte. El “ingeniero humanista” era amigo de Federico García Lorca y de Giner de los Ríos, discípulo de Ortega y Gasset y estaba vinculado a la Institución Libre de Enseñanza, y luego alzó la gran cruz del Valle. Especializado en construir puentes y en el uso del hormigón, tiene obras por todo el país y acumuló investigaciones y premios internacionales. LIBRO | El país de la desmemoria

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Carlos Fernández era amigo de Lorca, republicano, intelectual. Y levantó también la Cruz del Valle de los Caídos. El vaivén biográfico del ingeniero le evitó el exilio y la depuración profesional. Sorteó la represión franquista en la España de posguerra a través del apoyo del que sería el constructor de cabecera del franquismo, Félix Huarte.

Carlos Fernández Casado (Logroño, 1904–Madrid, 1988) pasó así de construir refugios antiaéreos en la guerra civil –para salvar el bombardeo fascista a Madrid– a ser un reconocido especialista en la dictadura de Francisco Franco. Multitud de puentes y obras llevan su firma por todo el país.

Fernández Casado ya era un referente de la ingeniería civil durante la II República. Y trabajaba para el fundador de Huarte y Cía. (germen de la actual OHL), el mismo empresario que acabó edificando el Valle de los Caídos y fue su aval ante el naciente franquismo, para el que diseñó la estructura de la Cruz que corona el mausoleo de Cuelgamuros.

Una historia de la que no queda rastro en la biografía del ingeniero en la empresa que fundó con su propio nombre, la oficina de proyectos Carlos Fernández Casado SL. Franco y la gigantesca cruz del complejo arquitectónico donde reposa la momia del dictador están borrados del perfil del ingeniero republicano.

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Un plano de la Cruz del Valle de Cuelgamuros y el ingeniero Carlos Fernández Casado.

Lorca, Ortega y Gasset y el “ingeniero humanista”

Carlos Fernández era precoz, inteligente y brillante, dicen. Y la etapa republicana puso en punto de ebullición su inquietud intelectual. Vinculado a la Institución Libre de Enseñanza. Formó parte del grupo ‘Gallo’, un movimiento vanguardista. Fue discípulo de José Ortega y Gasset, de Xavier Zubiri y de Fernando Giner de los Ríos, tío de su mujer, Ritama Troyano de los Ríos.

En Granada conoció también al poeta Federico García Lorca. La ciudad nazarí era su primer destino profesional como Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Antes, con 14 años, ingresa en la Escuela de Caminos y en un lustro termina los estudios, en 1924, para marchar a París (Francia) y completar ingeniería de telecomunicación en un trienio. Luego hace Filosofía y Letras y, con 68 años, la carrera de Derecho.

Esta completa formación le convirtió en un “ingeniero humanista”. Un profesional que situó a España en “un lugar predominante en el mundo de la ingeniería civil”, como reseñaba en un obituario de los Informes de la Construcción de 1988 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Porque Carlos Fernández Casado era un innovador de la “cultura edificatoria”.

De Chamartín al viejo San Mamés

Fue docente en la Escuela de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, con la cátedra de Puentes de Fábrica hasta 1976. También publicó un puñado de libros, artículos y estudios de referencia sobre la historia y estética de las obras públicas. Por su trayectoria de proyectista y constructor fue elegido académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid en 1974.

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El fundador’, Carlos Fernández Casado. | CFCSL

Y alcanzó reconocimiento y premios internacionales por su contribución al desarrollo de la tecnología del hormigón. El ingeniero estudió y desarrolló las posibilidades constructivas de este material y fue pionero en la expansión en Europa del hormigón armado.

Con esta argamasa levantó sus obras iniciales. Caso de la colección de Puentes de Altura Estricta entre la década de los años 30 a los 50 o naves industriales prefabricadas. Más tarde sería uno de los introductores del hormigón pretensado en España, que emplearía en sus proyectos hasta los 80.

De su mano quedan ejemplos por todo el país. Sobre el río Manzanares, como el Nuevo Puente de Hierro (1932) y el de El Pardo (1935 y demolido tras la guerra). O pasaderos de arco sobre los ríos Tajo, Pisuerga, Odiel o en los embalses de Cubillas y de Gabriel y Galán. Y de voladizo sobre el Guadalquivir y el Ebro o presas, en Najerilla o Quéntar.

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Vista aérea de la Ciudad Universitaria de Madrid en 1975. | EFE

Hasta en Cuba aplicó su especialidad en los años 60 trabajando para Huarte y Cía. Con esta empresa construyó en Madrid las Torres Blancas y las de Colón, o el Ministerio del Aire y residencias sanitarias en Zaragoza, Barcelona, Gerona y Lérida.

También ganó el concurso del nuevo estadio de Chamartín del Real Madrid o el Arco de la cubierta del viejo San Mamés en Bilbao. Antes participó en otras obras emblemáticas, como la Facultad de Filosofía y Letras de la Ciudad Universitaria de Madrid.

Cuelgamuros como puente a la salvación

Y fue esta relación laboral con Félix Huarte, que atravesó con éxito la etapa republicana, la que puentea los antecedentes republicanos del ingeniero. El empresario iba a ser uno de los grandes contratistas del franquismo, tenía que construir el Valle de los Caídos y confió en Fernández Casado.

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La empresa Huarte y Cía., en el Valle de los Caídos.

“La gran Cruz que corona el risco de la Nava —con fuste de 125 metros y brazos de 46— se eleva sobre un basamento de hormigón armado de 25 metros de altura recubierto de sillería rústica; en el interior, de sección octogonal, dispone de una escalera de caracol y un ascensor”, analizaba Carlos Saguar Quer en La Cruz soñada: Concepción y construcción del Valle de los Caídos.

La estructura, calculada por los ingenieros Carlos Fernández Casado e Ignacio Vivanco Bergamín, tuvo en cuenta “vientos de hasta 340 kilómetros por hora”. Los técnicos consultaron al Instituto Nacional de Técnica Aeronáutica. “La obra fue construida sin andamios, desde dentro, subiendo el material con potentes montacargas a través de un pozo perforado en la montaña”, describía el autor.

“Para mayor seguridad del complejo ensamblaje de la estructura metálica de los brazos de la Cruz se ensayó primero a tres metros del suelo, en la explanada del frente de la exedra”, según Saguar. “Todo ello se realizó en un tiempo récord, entre 1950 y 1956, y afortunadamente durante los trabajos no se produjo ningún accidente mortal”, subrayaba la obra sobre la que fue el hito del mausoleo que construyó Franco y que levantó un ingeniero de pasado republicano.

eldiario.es/autores/juan_miguel_baquero/

Islandia conmemora este domingo la muerte del primer glaciar a causa del cambio climático

Los miembros de la Sociedad de Senderismo islandesa y ciudadanos comunes subirán la cima del antiguo glaciar Okjökull el domingo, donde depositarán una placa para llamar la atención sobre la crisis climática. “En los próximos 200 años se espera que todos nuestros principales glaciares hayan desaparecido. Este monumento prueba que sabemos qué está pasando y qué es necesario hacer. Solo tú sabrás si lo hicimos”, aparece en la placa. Aquí había un glaciar’: Islandia coloca una placa en el lugar de su primer glaciar desaparecido por la crisis climática

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En las imágenes, fotos aéreas del antiguo glaciar Okjökull correspondientes a 1990, 2003 y 2014, cuando se constató que ya no era un glaciar facilitadas por el geólogo islandés Oddur Sigurðsson, quien lo declaró oficialmente muerto. EFE

Un proyecto impulsado por científicos y ecologistas de Estados Unidos e Islandia conmemorará el domingo la muerte del primer glaciar de esta isla volcánica del Atlántico Norte a causa del cambio climático generado por la actividad humana.

Los promotores de la idea, miembros de la Sociedad de Senderismo islandesa y ciudadanos comunes subirán los algo más de 1.400 metros que llevan a la cima del antiguo glaciar Okjökull, donde depositarán una placa para llamar la atención sobre la amenaza climática.

“En los próximos 200 años se espera que todos nuestros principales glaciares hayan desaparecido. Este monumento prueba que sabemos qué está pasando y qué es necesario hacer. Solo tú sabrás si lo hicimos”, consta en el texto escrito en islandés e inglés por el ecologista y escritor Andri Snær Magnason.

El origen del proyecto se remonta a cinco años atrás, cuando el geólogo islandés Oddur Sigurðsson, lo declaró oficialmente muerto.

“Era algo que se veía venir desde hacía mucho tiempo. No tenía buena salud, estaba reduciéndose muy rápido. Quise subir a comprobarlo y constaté que estaba muy por debajo de los límites”, explica a Efe en conversación telefónica Oddur Sigurðsson.

La capa de hielo del glaciar tenía a principios del siglo XX una extensión de 15 kilómetros cuadrados y un grosor de 50 metros: en 2014, menos de un kilómetro cuadrado y 15 metros de grueso, lo que hizo que el geólogo la considerara “un paquete de hielo muerto”.

La desaparición del Okjökull también se trasladó a la lengua, y el antiguo glaciar ha pasado a ser considerado simplemente la montaña Ok, un nombre que permitió el juego de palabras con que se bautizó un documental (“Not ok”) estrenado el año pasado.

El documental es el resultado del empeño de dos antropólogos de la Universidad de Rice (Estados Unidos), Dominic Boyer y Cymene Howe, que contactaron con Oddur Sigurðsson, interesados por la historia del glaciar.

El siguiente paso fue organizar el memorial y el viaje del “no glaciar”, como ha sido bautizado el recorrido de mañana.

Un pequeño glaciar como símbolo de la crisis climática

“Que un pequeño glaciar de Islandia desaparezca no hace mucha diferencia, pero es una indicación de lo que está pasando en todo el mundo. Es algo que tendrá un impacto enorme en la mayoría de países y personas”, explica el geólogo. Suspensos en la lucha contra la crisis climática o el hambre: ningún país cumple los objetivos de la ONU contra la pobreza

Oddur Sigurðsson revela que, en realidad, en las últimas décadas han desaparecido varias decenas de glaciares en Islandia, aunque más pequeños que el Okjökull.

Y si se mantienen las previsiones de una subida de las temperaturas de dos grados por siglo, en doscientos años serán historia los más de 300 glaciares que existen en la isla.

“Es un dato alarmante. Islandia será muy diferente para las nuevas generaciones. Hay que recordar que su nombre significa tierra de hielo”, lamenta Oddur Sigurðsson.

eldiario.es/ Copenhague

Una carta del secretario de Franco acredita la artimaña del dictador para apropiarse de otro histórico inmueble en Galicia

El texto de la misiva sale a la luz y certifica el presunto montaje del general fascista y las administraciones de la época para simular una donación y ocultar la compra de un bien público en A Coruña. El documento, como en el caso del último encontrado sobre Meirás, se convierte en clave para la recuperación de la Casa Cornide, emblemático edificio coruñés. El documento clave para que el Estado pueda recuperar el Pazo de Meirás ha estado décadas en el centro de A Coruña

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Casa Cornide, en el casco viejo de A Coruña CC-BY-SA PRAZA PÚBLICA

José Manuel Sande, senador gallego por designación autonómica, anunció la pasada semana su intención de hacerla pública. Se refería a la carta que certificaría los amaños y artimañas llevados a cabo por la familia Franco para, como en el caso de Meirás, hacerse con la propiedad de un inmueble perteneciente al Estado, en este caso con la Casa Cornide de A Coruña, en el casco antiguo de la ciudad. La misiva, cuya existencia era ya conocida, nunca fue revelada y, como en el caso de los documentos hallados en la misma ciudad sobre el Pazo, puede convertirse ahora en el documento clave para facilitar la recuperación para el patrimonio público de este otro edificio expoliado por el dictador. Aquí sale a la luz.

La carta, a la que ha tenido acceso este diario, evidencia el supuesto fraude cometido en la compraventa de la Casa Cornide a través de una subasta amañada con el objetivo de satisfacer el “deseo” de Franco y de su mujer, Carmen Polo. Fue dirigida desde el Pazo de Meirás en agosto de 1962 por el secretario personal del dictador, Ricardo Catoira, al entonces subsecretario de Hacienda, Juan Sánchez-Cortés y Dávila. Nunca había sido hecha pública desde que fue hallada en el Archivo General de Palacio, procedente de la Casa Civil del Jefe del Estado. “Si el Pazo de Meirás ha sido epicentro del franquismo, en el futuro podría serlo de la memoria histórica”

Desvelada por los investigadores Carlos Babío y Manuel Pérez Lorenzo en su obra Meirás. Un pazo. Un caudillo. Un expolio, ahora se hace pública para constatar que la versión defendida por los herederos de Franco de que la propiedad de la Casa Cornide es legítima no es verdad. El argumento es que el dictador recibió el inmueble de su amigo y activo defensor Pedro Barrié de la Maza, que la había adquirido en una subasta pública organizada por el Ayuntamiento de A Coruña. Todo fue, presuntamente, un montaje.

Tengo el gusto de comunicarte que hoy por fin ha terminado el plazo para la subasta de la célebre casa que tanto deseaba Su Excelencia. Hoy también se reúne el pleno para adjudicarla a un particular y este venderla a la Señora. Así se lo hemos explicado a Su Excelencia por ser la mejor fórmula ya que de esta forma no se hace una adjudicación de bienes que fueron del Estado al propio Caudillo“. Así comienza la carta, en un párrafo que deja clara la estratagema: ocultar, como en la compraventa fraudulenta de Meirás, que la familia del dictador se hacía con la propiedad de un bien público y simular una donación que nunca existió.

La Casa Cornide, antigua propiedad del historiador, político e ilustrado José Cornide, había sido donada por esta familia al Ayuntamiento de A Coruña para acabar funcionando como escuela y ser propiedad del Ministerio de Educación. La administración local y el Estado permutaron propiedades para que la primera volviera a disfrutar de la propiedad del edificio, hasta que decidió sacarla la subasta pública tras un acuerdo de la corporación municipal que prohibía volver a venderlo en un plazo de diez años.

Barrié de la Maza, prohombre del franquismo, financiero de las tropas fascistas e impulsor de la compra del Pazo de Meirás, acudió a la subasta junto a otro militante ultraderechista, el falangista José Luis Amor Fernández. El banquero se impuso y obtuvo el inmueble tras pagar poco más de 300.000 pesetas. Fue el 2 de agosto de 1962, un día después de que Catoira enviase la carta en la que se explicaba la realidad del amaño.

Los señores están encantados porque han logrado el deseo de poder tener una casa en La Coruña para cuando tenga que desplazarse la Señora no haya necesidad de abrir el Pazo de Meirás, que tantas molestias origina por lo grande que es esta Residencia y el número de criados y servidores que se necesitan“, dice el secretario de Franco respecto a la estrategia preparada para cumplir con los deseos de Carmen Polo.

En la adjudicación se incluye una cláusula que libera a Barrié de aquella prohibición de vender la Casa Cornide ante la posibilidad de donársela a la “esposa de Su Excelencia el Jefe del Estado” y complacer así sus propósitos.

El Ayuntamiento pagó obras a los Franco

Así que mañana, Dios mediante, ya tendremos la escritura y empezaremos las obras de reforma interior“, dice Catoira en la carta. Otra frase de la que se pueden derivar más evidencias sobre el fraude y expolio cometidos por los Franco al vincularla con las conclusiones de un reciente informe realizado por la Real Academia Galega de Belas Artes.

En este documento, al que tuvo acceso este diario, se desvela el procedimiento de adquisición de la Casa Cornide por parte de los Franco, pero también cómo el Ayuntamiento de A Coruña, después de haber vendido ya el edificio en aquella subasta a Barrié de la Maza, pagó obras de rehabilitación cuando no tenía vinculación alguna con el inmueble. El informe de Belas Artes fue elaborado a petición del anterior gobierno local de A Coruña, de la Marea Atlántica, al iniciar las pesquisas sobre las posibilidades legales para recuperar la titularidad del inmueble.

En él, se destaca como el Ayuntamiento paga en mayo de 1963 casi 178.000 pesetas por los gastos efectuados en la reconstrucción de la Casa Cornide cuando “ya no era propiedad municipal”. Al año siguiente, tal y como revelan documentos del Archivo Histórico Municipal, el Ayuntamiento paga cerca de 1 millón de pesetas por más obras, según las certificaciones de obra “revisadas y firmadas por el arquitecto municipal”.

eldiario.es/autores/miguel_pardo/

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